Una crisis funcional es un episodio de sacudidas, desplome, mirada fija o pérdida de la conciencia que se parece mucho a una crisis epiléptica, pero tiene una causa diferente. No se origina en la descarga de actividad eléctrica anormal que provoca la epilepsia. Más bien, surge de una alteración temporal en la manera en que el cerebro envía y procesa las señales: un problema en el funcionamiento del cerebro, no en su estructura ni en su cableado eléctrico. Los médicos también llaman a estos episodios crisis no epilépticas, crisis disociativas o crisis psicógenas no epilépticas, que a menudo se abrevian como PNES.
Dos hechos importan más que cualquier otro. Las crisis funcionales son reales y son involuntarias. La persona que tiene una no está fingiendo, ni exagerando, ni haciéndolo para llamar la atención. Los episodios le ocurren a esa persona, igual que una crisis epiléptica le ocurre a alguien con epilepsia, y pueden ser igual de aterradores e incapacitantes.
En qué se diferencian de las crisis epilépticas
Una crisis epiléptica es causada por descargas eléctricas repentinas y anormales en las células del cerebro. Una crisis funcional ocurre mientras la actividad eléctrica del cerebro se mantiene normal. Una comparación que a muchos pacientes les resulta útil: la epilepsia es como un problema de hardware, mientras que una crisis funcional es como un problema de software: la máquina está intacta, pero un programa falla. Desde afuera, las dos pueden verse casi idénticas. Algunas características son más comunes en las crisis funcionales, como episodios que duran muchos minutos, los ojos cerrados con fuerza o movimientos que se detienen y vuelven a empezar. Pero ninguna señal por sí sola es lo suficientemente confiable, y por eso el diagnóstico debe basarse en las pruebas y no en cómo se ve un episodio.
Por qué el diagnóstico suele retrasarse
Como los episodios se parecen tanto a la epilepsia, a muchas personas se les diagnostica epilepsia primero y se les inicia un medicamento anticonvulsivo. Esos medicamentos actúan calmando la actividad eléctrica anormal, así que no ayudan con las crisis funcionales, y cuando los episodios siguen ocurriendo a pesar de un medicamento tras otro, eso en sí mismo es una pista importante. Un número menor de personas tiene las dos afecciones a la vez, y esa es otra razón por la que las pruebas cuidadosas son importantes.
Cómo el video-EEG confirma el diagnóstico
La prueba más confiable es el monitoreo con video-EEG, que por lo general se realiza durante varios días en una unidad del hospital. Un EEG registra la actividad eléctrica del cerebro por medio de pequeños sensores colocados en el cuero cabelludo, mientras una cámara graba el cuerpo al mismo tiempo. Si uno de sus episodios típicos ocurre durante el monitoreo, los médicos pueden ver los dos lados del evento a la vez: cómo se ve y qué está haciendo la electricidad del cerebro mientras ocurre. En una crisis epiléptica, el EEG casi siempre muestra un patrón de crisis. En una crisis funcional, no lo muestra. Captar un episodio típico de esta manera le permite al neurólogo hacer el diagnóstico con confianza.
Un video de un episodio grabado con el celular por un familiar también puede ayudarle al neurólogo a decidir si hace falta el monitoreo. Si alguien puede grabar de forma segura sin dejar sola a la persona, vale la pena hacerlo.
Un diagnóstico, no una acusación
Algunos pacientes escuchan este diagnóstico como si los médicos les dijeran que están fingiendo. No es eso lo que significa. Los médicos abandonaron un término más antiguo, pseudocrisis, precisamente por esta razón: no hay nada falso en estos episodios. Las crisis funcionales son una forma de trastorno neurológico funcional, una afección médica reconocida en la que el sistema nervioso deja de funcionar bien en ciertas circunstancias, aunque es estructuralmente normal. En muchas personas los episodios están relacionados con el estrés, un trauma del pasado u otros problemas de salud, pero no todas tienen un desencadenante evidente, y a nadie se le exige presentar uno para que el diagnóstico sea real.
El tratamiento funciona
La base del tratamiento es la psicoterapia, con mayor frecuencia la terapia cognitivo-conductual adaptada específicamente para las crisis funcionales. No es porque los episodios sean imaginarios. Es porque la terapia es la herramienta que puede volver a entrenar la forma en que el cerebro responde cuando un episodio se está gestando. El tratamiento por lo general incluye entender el diagnóstico, aprender a notar las sensaciones de aviso que suelen aparecer justo antes de un episodio y practicar técnicas de anclaje que pueden interrumpirlo cuando empieza. También ayuda tratar la depresión, la ansiedad o el estrés postraumático, cuando están presentes. Si ha estado tomando un medicamento anticonvulsivo y las pruebas muestran que usted no tiene epilepsia, por lo general su neurólogo se lo irá reduciendo poco a poco en lugar de suspenderlo de golpe. Muchas personas mejoran de manera considerable con el tratamiento y algunas dejan de tener episodios por completo.
Qué hacer durante un episodio
- Mantenga la calma y quédese con la persona hasta que el episodio haya pasado por completo.
- Retire del paso los objetos duros o filosos y coloque algo blando debajo de la cabeza si la persona está en el suelo.
- No sujete a la persona y nunca le ponga nada en la boca.
- Hable con voz suave y tranquilizadora. Muchas personas pueden oír lo que se dice a su alrededor aunque no puedan responder.
- Llame al 911 si la persona está lesionada, tiene dificultad para respirar o si usted no está seguro de qué tipo de crisis está viendo.
Próximos pasos
Si le han dicho que podría tener crisis funcionales, o si sus crisis no han mejorado a pesar de los medicamentos, el paso más útil es una evaluación centrada en llegar al diagnóstico correcto: una historia clínica detallada, la revisión de cualquier video de sus episodios y monitoreo con video-EEG cuando sea necesario, seguidos de una referencia a un terapeuta con experiencia en esta afección. El equipo de neurología del United Neuroscience Institute puede organizar esta evaluación y coordinar el tratamiento. En muchas comunidades también existen grupos de apoyo para personas que viven con crisis, tanto epilépticas como no epilépticas, y hablar con otras personas que han recibido el mismo diagnóstico muchas veces hace que sea más fácil sobrellevarlo.
Este artículo es información general de salud, no consejo médico, y no reemplaza la evaluación de un profesional de la salud que conoce su historial. Si cree que puede estar sufriendo un accidente cerebrovascular u otra emergencia neurológica, llame al 911.



